| Jose Luis Tajada | |||
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Las construcciones de Marte. Hace poco mantenía una conversación con un buen amigo a través de Internet y debatíamos sobre las diferentes y multi-éticas maneras en las cuales algunos autodenominados investigadores adquirían la información que luego más tarde o más temprano sus seguidores devoraríamos en las páginas de papel impreso. No trata de eso este artículo, pero si me gustaría romper una lanza en defensa de las personas que se dedican a rebuscar en las páginas de Internet para encontrar y desarrollar escritos sobre temas que de otra manera sería imposible conocer y para elogiar a esos “plagiadores-recopiladores” de información, algunos/as de ellos de renombre y fama probadas. Valga reincidir en el matiz de que si no fuera por ese método, sería imposible poder siquiera imaginar temas como el que aquí se trata. Desde que en la antigüedad el hombre sintiera su soledad en el infinito Universo y fuera consciente, por cualquiera de los medios que ha ido descubriendo, de la proximidad de nuestro vecino planeta Marte, siempre ha especulado con la posibilidad de vida allí. Dándole en un principio la capacidad humana de reflejar en su color a un dios guerrero y más tarde la de poder albergar vida, Marte, el cuarto planeta de nuestro peculiar sistema solar, ha sido, y seguirá siendo la cuna de incontables leyendas, ilusiones y sorpresas. Gracias a la técnica desarrollada por el ser humano, a partir de la década de los 60, fue posible obtener las primeras imágenes de su superficie. Una superficie yerma y rojiza, que mucho distaba de la descrita por algunos literatos tales como Ray Bradbury que lo imaginaron como un planeta verde, réplica exacta de nuestro planeta, pero habitado por escurridizos y preternaturales seres extinguibles por el visitante humano. La realidad como de costumbre, fue más trágica y menos sorpresiva. Inmensos desiertos de arena y roca cubrían por doquier toda la superficie, sin más indicios del líquido necesario para el desarrollo y mantenimiento de la vida que la erosión existente por toda su superficie. Sus canales, a manera de grietas kilométricas, no guardaban en su seno, más que la escasa sombra que sus largas noches marcianas les concebían. A mediados de la década de los 70, la NASA había enviado varias sondas encargadas de curiosear (bello empeño que el ser humano a parecido relegar al olvido) por nuestro sistema solar, entre ellas las exploradoras de la serie VIKING se encargaron de obtener cientos de fotografías y mediciones de Marte.
Lo lógico en dicho caso, sin lugar a dudas, hubiera sido el envío inmediato de nuevas sondas a investigar dicha zona, pero en una reacción conspiranoide, la administración de las únicas potencias que en ese momento podía hacer frente al costosísimo proyecto hicieron un solemne mutis y desviaron la atención hacia otros planetas más alejados o hacia otras zonas del propio Marte. El misterio estaba servido, y su secreto a buen recaudo.
A fines de 1964 las dos superpotencias del momento EEUU y URSS lanzan sendas misiones robóticas hacia Marte. La rusa Zond2 sobrevolará a baja altura el planeta sin lograr transmitir dato alguno y EEUU tras varios intentos, logra por fin un aparente éxito con la serie Mariner. A finales de 1965 son transmitidas las primeras imágenes desde las inmediaciones del planeta. Son pocas, y muestran una superficie desolada plagada de cauces que posiblemente lleven miles de años secos. En febrero de 1969 llega a Marte la sonda americana Mariner 6 aproximándose a tan solo 3500 kilómetros de altura, y poco después su gemela Mariner 7. Entre ambas aportan más de 200 nuevas fotografías. En 1971 tras un aparente éxito, el explorador automático soviético Mars 3 tras haber logrado desprender un vehículo de exploración que se depositó sobre la superficie marciana, pierde todo contacto con la tierra tras solo 20 segundos de actividad enviando la primera imagen.
Así en 1988 las sondas Fobos I y II de URSS desaparecen en las proximidades y en 1992 la norteamericana Mars Observer pierde contacto en el momento de entrar en órbita.
Pero de todo el material obtenido por las diferentes investigaciones y escasamente difundido a los medios podemos encontrar valiosísimas muestras de imágenes que parecen mostrar extrañas construcciones que parecen no tener un origen geológico natural. Revisemos algunas de estas. La Esfinge. Se trata de una protuberancia (montaña) de dimensiones colosales, 400 metros de altura por una anchura de 2000 metros y un largo de 2500. Según los expertos y científicos se trata simplemente de una ilusión óptica creada por el juego de luces y sombras. La pirámide D&M. Se puede tratar del quinto objeto más grande fotografiado sobre la superficie marciana. Su similitud con las pirámides terrestres es asombrosa. Se encuentra en las proximidades de la Esfinge. Existen también en esas proximidades varias formaciones que podrían ser nuevos conjuntos de pirámides o bien restos de construcciones. Aunque se trata de meras especulaciones, no se podrá aseverar que se trata de simples ilusiones ópticas sin haber podido comprobar in situ de que se trata. Y, por otro lado, resulta innegable encontrar cierta lógica en el trazado y ubicación de dichas formas. Pero sin duda alguna, de todo el material que se puede encontrar por la Red de Redes, Internet, el siguiente es a mi manera de ver el más inquietante, extraño y sin lugar a dudas el que, de ser cierto, aportaría la prueba real de la existencia, presente o pretérita de vida en Marte. Los túneles de Cristal de Marte. Esta imagen, M04-00291, muestra la cuna de un antiguo océano marciano en cuyo fondo se encuentra en una de sus grietas lo que parece ser una especie de tubo de cristal. Este aparece intacto y reforzado desde el interior por una serie de “anillos” dispuestos de manera uniforme, incluso, parece desprender los brillos típicos de una superficie cristalina especular. Reforzado por dichos arcos, regularmente espaciados, esta estructura translucida aparece claramente definida y parece perderse en el antiguo fondo marino. Se puede tratar de otra ilusión óptica, de una broma de mal gusto de la naturaleza o simplemente de la manipulación de las imágenes. Sea como fuere Marte seguirá dándonos muchas sorpresas en los próximos años a los científicos, a los curiosos y a los Internautas.
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