Jose Luis Tajada
 
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El "Efecto Bélmez".

Lejos de ser el producto de un hecho paranormal, como ya lo describiera el mismísimo Hans Bender, el “Efecto Bélmez” se multiplica sobre sí mismo como si de un caso de corrupción política y social se tratara. De nuevo ARP, los cerebros de la inquisición intelectual, alimentan las hogueras de su intransigencia primitiva gracias al ego de los que pobremente intentan emularlos con sus precarios medios y escasos conocimientos.

Hoy le ha tocado a uno de los hijos de los que fueran padres de la parapsicología española, ha caído D. Pedro Amorós. De manos de nadie, o de menos que nadie, de un periodista de segunda fila, de un desconocido, El Presidente del SEIP, con mayúsculas, ha caído por tierra, ha mordido el polvo de los infames, y se ha visto involucrado en una revuelta de verdades contundentes y mentiras a medias que pugna por terminar con su credibilidad y la de su progenie.

Pero seamos justos, al Cesar lo que es del Cesar.

No pretendamos soplar todos al unísono sobre la hoguera que este desconocido Torquemada, que desde una de las tribunas más leídas del país (el diario EL MUNDO), ha encendido. No soplemos sin antes mirar debajo de nuestros Curriculums, de nuestros actos o de nuestros comentarios, porque seguramente todos nosotros guardamos ese pequeño pecadillo inconfesable, ese título universitario que no tenemos, o que como en el caso de algunos que conozco, se ha comprado a base de dinero en universidades privadas para luego homologarlo en las públicas por el procedimiento de aprobar en estas la última asignatura. Y no olvidemos a aquellos otros que olvidaron a sus compañeros de investigaciones y andanzas para poder “prosperar” de manos de “los grandes” intentando soterrar un pasado más digno pero menos lucrativo que el que ahora ostentan.

Seamos justos, todos. De un lado y de otro tenemos nuestras pequeñas mentiras ocultas, nuestras exageraciones y nuestro lado oscuro. Pero lo verdaderamente obsceno, lo lamentable, lo miserable, lo que me duele doquiera me encuentre y sea cual sea el bando que abandere, es contemplar la cobarde retirada, la huida desmedida de algunos investigadores de este lado del fenómeno, que huyen, de nuevo, cuando la polvareda de la prensa se vuelve en contra.

Un nuevo “mirlo rojo” ante el cual los de siempre, los que viven de puntillas para intentar asomarse a lo que hay detrás del periodismo de investigación serio (el de las agencias de noticias de verdad) se ocultan y esconden la mano, y son los de siempre, los que tras escribir, radiar, y filmar una verdad, ahora la convierten en una mentira calumniosa. Son los que me han hecho perder la ilusión por lo que antes se llamaba parapsicología y que ahora entre otras muchas cosas denominan misterios sin resolver.

No hay más cobarde que el que calla una verdad, ni más valiente que el que pregona una mentira.

Hoy amigos míos, le ha tocado a D. Pedro Amorós, pero quien esté libre de pecado, que alce la mano.

 


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