| Jose Luis Tajada | |||
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Ética
y Ciencia en el estudio y difusión de las PSICOFONÍAS
CIENCIA Científicos no son aquellos que conocen la ciencia, son aquellos que la aman. Evidentemente siempre son necesarios una serie de conocimientos y técnicas que aquí se han tratado de forma muy superficial, bien por falta de espacio, o bien por falta de conocimientos del autor. No obstante, si fuésemos capaces de cumplir al menos mínimamente los preceptos y consejos que aquí se han dado, podríamos decir a ciencia cierta que estaríamos obrando con una responsabilidad científica que se encuentra a años luz de distancia de las aplicadas por muchos investigadores que existen actualmente. En mi trayectoria como curioso de este tema, y desapasionado a la hora de su divulgación me he topado con auténticos casos de precariedad, donde ante todo existía una falta total conocimientos y primaba un evidente afán de protagonismo. Cada persona es libre de obrar como estime oportuno, pero debería ser consciente, madura y honesta a la hora de embaucar y convencer a otras personas de los medios empleados e intenciones de las experiencias. Me gustaría poder hacer un simple test preguntando por los escasísimos datos técnicos que se han dado en esta publicación, a investigadores de todas partes del planeta que se autoerigen como los máximos exponentes de la investigación. Lamentable sin duda. Personalmente no me cuesta comparar estas lamentables escenas con aquellas que la escena nos ha legado de grandes investigadores sin medios ni publicidad sobre ellos, trabajando en el anonimato, y la de aquellos otros, egocentristas, plagiadores y difamadores de la auténtica verdad. Que cada uno tenga lo suyo.
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| ÉTICA Vivimos en una sociedad, la humana, que necesita creer. Desde la creación en los primeros homínidos de las conexiones neuronales necesarias para el planteamiento del "yo", el Ser Humano, ha necesitado creer, y ha sido precisamente esa necesidad, la que le ha permitido existir. El deseo de poder seguir en comunicación con los seres fallecidos, como acto de rebeldía contra la naturaleza o de soberbia ante ella, han sido y serán, uno de los motivos que fomentan y mantienen el apasionante mundo de las TCI a la sombra de las Ciencias. Con las TCI, nos encontramos en un umbral, en el cual existe la remota posibilidad, hoy por hoy imposible de mostrar y demostrar, de resolver el problema más antiguo de la humanidad conocida. Si realmente la muerte da paso a un no-estado idéntico al existente antes de nacer, reconoceremos que no se es nada, y que tan sólo se es en una diminuta fracción del tiempo del Universo conocido, que una vida humana brilla y se apaga sin dejar más que el velado destello de un reflejo que se perderá en la memoria de todos con el paso de los años. No podemos entender las TCI como una forma de evitar este hecho. Personalmente me parecen muy dolorosas y faltas de lógica, las publicaciones que he leído, las conferencias a que he asistido, en las cuales personas intentaban encontrar sus respuestas en una técnica que hoy por hoy, no es más que preguntas sin resolver. Me molestan de igual manera, los investigadores que se ufanan de tener el medio, la llave y el conocimiento para desentrañar un secreto, que tan sólo algunas religiones (a su modo y manera) han pregonado y que nunca han demostrado y que les ha ayudado a alcanzar las mas altas cotas de perversión, de amoralidad y dominio de las masas. Nos encontramos ante el último gran descubrimiento que pudiera cambiar el destino del Ser Humano, tal vez, si podemos imaginarlo, por encima de la misma teoría de la unificación de campos. En el momento en el que el ser humano sea capaz de descifrar el enigma que desde sus orígenes, y quién sabe si incluso antes de estos, le ha mantenido apartado de su trágico e inevitable fin, el Hombre de una vez por todas podrá descansar de sus miedos o comenzar a temerle realmente a la muerte, que no conozco una mejor manera de amar la vida. Sea cual fuere el resultado de esta investigación, ahora mismo de forma no oficial, infestada por charlatanes y bufones, y muy rigurosamente investigada de forma no oficial por estamentos políticos, religiosos y militares, o investigadores anónimos que derrochan su tiempo, medios e ilusiones, nos encontramos frente al último gran descubrimiento aún por llegar en la historia.
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